lunes, 9 de noviembre de 2009

CONCENTRACIÓN GEOGRÁFICA DE LA INDUSTRIA Y ECONOMÍAS DE AGLOMERACIÓN. MARÍA CALLEJÓN, Universidad de Barcelona, 1998

Introducción:

La autora intenta medir el grado de “localización” de las industrias, precisamente en qué grado influyen las economías de aglomeración en las decisiones de localización de las empresas en España. Se comprueba que, efectivamente, los sectores industriales difieren ampliamente en su grado de localización; y que entre 1981 y 1992 no se produjo en España una tendencia significativa hacia una mayor concentración geográfica de la industria.

A la autor le interesa constatar la intensidad de las fuerzas que conducen a la aglomeración de actividades en unos territorios y no en otros. El principal objetivo de este trabajo es realizar una primera exploración de las ventajas de la utilización de un nuevo índice de localización industrial propuesto por Ellison y Glaeser (1994). Se trata de un índice, al que se designa por gamma (γ), que permite medir el grado de localización de una industria, es decir, el grado en que las decisiones de localización de las empresas responden a la existencia de fuerzas aglomerativas que las inducen a escoger un determinado territorio, o a buscar la agrupación espacial con otras empresas del mismo sector. Dicho de otro modo, el índice γ intenta mostrar qué parte de la concentración espacial de una industria específica puede ser debida a la influencia de economías externas de aglomeración.

El índice de localización propuesto para la estimación:

El índice “γ” trata de medir el grado de localización de una industria dada, en términos de exceso de concentración geográfica más allá del grado de concentración que se observaría si las empresas que componen dicha industria se ubicaran geográficamente de manera aleatoria. A su vez, el proceso de localización aleatorio se define de forma tal que llevaría a todas y cada una de las industrias a reproducir las pautas de distribución espacial del conjunto de la población, o del empleo industrial total. La expresión para el índice “γ” de concentración geográfica de una industria es:

H es el coeficiente de Herfindhal que mide la concentración de mercado para el conjunto de los territorios considerados, y G es una medida primaria de concentración

geográfica que se define como:

El rango de G, así como el de H, oscila entre 0 y 1 pero, como puede apreciarse, “γ” puede llegar a tomar valores negativos.

Para medir la concentración geográfica de la industria en España de acuerdo con la intensidad de la localización de los sectores según el índice γ, se ha utilizado una base de datos procedente de la Encuesta Industrial que contiene el empleo de treinta sectores industriales en cincuenta provincias españolas - todas excepto Ceuta y Melilla - en los años 1981 y 1992. Se dispone, también para los mismos años, de los índices de concentración Herfindhal. El disponer de los cálculos para dos años, alejados entre sí pero que son anterior y posterior a la integración de España en la UE, permite realizar una primera evaluación de los efectos de la integración sobre la concentración geográfica.

Puesto que γ es una medida especialmente sensible del grado de localización, es decir, de la intensidad de las fuerzas aglomerativas a que está sometida una industria, los resultados obtenidos confirman que, tal como cabría esperar y sabemos, la localización se da en algún grado en todos los sectores pero con amplias diferencias entre ellos.

Primero la autora presenta los resultados con el método aplicado de 1992 para mas tarde compararlo con los de 19981:

El valor medio del índice de concentración primario G para las treinta industrias es en 1992 de 0,086 mientras que H presenta una media de 0,012. Por tanto G muestra un valor muy superior al esperado (0,012) si las empresas se localizaran de forma aleatoria entre todas las provincias. En realidad G excede a H en todos y cada uno de los 30 sectores tratados lo cual corrobora una vez más el hecho de que se dan de forma generalizada efectos de localización, aunque en grados muy diversos entre sectores.

El grado de localización, en el sentido de exceso de concentración respecto a la que se daría si las decisiones fueran tomadas de forma aleatoria, y que pretende medir las fuerzas aglomerativas que recaen sobre los sectores, viene determinado por el valor de “γ” según el modelo adoptado. Recordemos que “γ” es un índice de concentración que no distingue entre las dos causas básicas de economías de aglomeración analizadas en el modelo de Ellison y Glaeser, es decir, la intensidad de los spillovers entre las empresas de un sector o las ventajas naturales específicas que pueda exhibir un territorio para una industria concreta. Por tanto “γ” puede ser interpretado de dos formas: o como la probabilidad de que dos empresas cualesquiera decidan su localización de manera conjunta, o como una medida de la importancia de la ventaja natural en la elección de localización de cada una de las empresas de un sector.

La comparación entre los valores medios de G y del coeficiente de Gini en 1981 y en 1992 permite comprobar que en estos once años, la segunda mitad de los cuales incorpora el impacto de la adhesión de España a la Unión Europea, ha disminuido ligeramente la concentración geográfica de los sectores industriales en España.

De acuerdo con los modelos predominantes de localización industrial, la integración debiera implicar una intensificación de las tendencias a la concentración espacial de muchas actividades con objeto de aprovechar economías de escala y externalidades de distinto origen. Los resultados de los índices aquí elaborados indican, sin embargo que, en las provincias españolas, no ha sido así de manera global.

Cabría deducir que el descenso en la concentración geográfica de la industria, tal como se refleja en el índice primario G, puede ser un efecto asociado al descenso experimentado por los niveles de concentración de los mercados, tal como queda recogido en los índices de Herfindhal cuyo valor medio pasa de 0,0221 en 1981 a 0,0123 en 1992.

La clasificación a treinta sectores aquí utilizada, si bien permite realizar una primera aproximación útil, es insuficiente puesto que dentro de un mismo grupo se incluyen actividades industriales con estructura de mercado e intensidad tecnológica muy diferente.

Como conclusiones la autora remarca:

“γ" posee características que le otorgan ventajas sobre otros índices de concentración espacial industrial que no son capaces de controlar por el número y distribución de tamaños de las empresas que forman la industria ni por el tamaño de los territorios. En tal sentido, “γ” mide con mayor fiabilidad que otros índices la verdadera importancia de las economías de aglomeración en las decisiones de localización de las empresas de un sector. No obstante la limitación de γ es que, tal como se ha dicho, no es capaz de discriminar si las fuerzas aglomerativas se originan en características del territorio o bien proceden de la existencia de externalidades tecnológicas y pecuaniarias entre las empresas del sector.

No obstante la limitación de “γ” es que, no es capaz de discriminar si las fuerzas aglomerativas se originan en características del territorio o bien proceden de la existencia de externalidades tecnológicas y pecuaniarias entre las empresas del sector.

En cualquier caso un claro resultado obtenido en esta aplicación de γ es que entre 1981 y 1992 no ha variado significativamente el grado medio de localización de los sectores industriales aunque a escala individual se hayan podido producir algunos cambios.

Para afinar mejor el análisis, sería preciso utilizar una desagregación sectorial mayor, ya que una mayor dispersión media industrial en el espacio medida en términos de empleo, como es nuestro caso, es compatible una situación en la que aumente la dispersión de actividades intensivas en trabajo poco cualificado pero también aumente la concentración de las actividades intensivas en conocimientos.

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